Ir bien lejos para ver cerquita

Tengo desde hace rato algo por decir que me tiene atorado, como taco de pelos de gato en la garganta que te produce arcadas y te saca unos sonidos guturales como de metalero. Así.

Va!

Uno siempre vuelve al hogar, al punto de partida, al útero, tal vez como recompensa de un tiempo de trabajo, o como la oportunidad de volver a ver los tuyos, o como el momento para recordar que solo eres eso, una ramita de un árbol genealógico, una parte de un clan…

Y en estos tiempos, a mis 29 años (añitos) en plena crisis vital, en los días en los que uno escoge caminos, en los que salen las preguntas exactas de por donde seguir, y no hay las respuesta concretas y los caminos están algo borrosos, pienso que no es fácil tener una conversación con los padres, porque es como su estuvieras viviendo las mismas peleas que viste a los 5 años, a los 10, a los 14, cuando te fuiste, y cuando volviste.

Es la misma fotografía familiar (con excepción de los muertos, enfermos o perdidos que ya he contado).

Vas por la calle (por las antiguas y mismas calles que recorres de siempre) y no sabes sí saludar al amigo de la infancia (o pasado cercano). A veces lo intento, y sólo recibo alzadas de cejas o un mutis total como si el pasado lo hubiéramos escrito con tiza. Y con los que por fortuna vuelvo y hablo, parece que continuáramos el hilo de la conversación que dejamos por allá en el 94 como si nada, como si el futuro no nos hubiera pasado por encimita. Los amigos de antes o de hace poco, cuentan con la misma capacidad para secretiarse o para estar contentos o bravos inesperadamente, tal y como en la adolescencia.

Es más, uno habla con cualquiera que haya crecido en el mismo pueblo o barrio o colegio, y aún te responden: “es la voluntad de dios”… “el político no se robó esa plata”…  “pronto nos ganaremos un chance”.

No es que yo sea mejor, solo diferente. Salí, fui afortunado, y ahora que vuelvo con un oficio y unas fuerzas y con unas ganas de elegir el camino más cercano para estar con los realmente cercanos, no funciona, no soy capaz de hacerlo, pierdo el rumbo, me deprimo, me desinflo, no encuentro las palabras para seguir conversando y existiendo con la mamá, con el amigo o el vecino mientras trato desde mi posición de darles o devolverles lo poco que sé, lo diminuto que tengo…

 

Como ya saben muy bien, uno no es profeta en su tierra, y los tuyos pocas veces te entenderán.

Debe ser porque te vieron empelota cuando pequeñito, o te cargaron con los pañales sucios, o conocen muy bien tus defectos, o no creen que ese de antes pueda ser otro ahora.

La cercanía, el mundo donde uno se ensimisma no te aprecia, y vos tampoco a él, porque no nos vemos totales, sin prejuicios y sin peros. Estamos ciegos, sordos y gagos por estar tan junticos.

 

Hace poco, otra vez, afortunado que soy salí de mi finquita, de mi oficina, de mi habitación, de mis rituales de siempre, y me recorrí Bogotá y Boyacá, una ruta (parecida) que había hecho hace 5 años (era otra época donde las luces y las cosas lindas empezaron a aparecer),  y un torrente de energía y claves para el futuro que me encontré en otras almas, en otras esperanzas y dolores.

No eran mejores, solo distintos. Y como no me cargaron cuando niño, ni se saben mis mitos de memoria, ni yo los de ellos, otra vez la máquina de hacer y conseguir cosas bonitas se ha encendido.

Meses y meses, trucos y más trucos, nuevos caminos, otras preguntas, y la clave era solo salir a ver otros paisajes, escuchar otras razones.

Entonces, volví a mi casita, mandé a la mierda a la conocida depresión, y de nuevo tambaleando tratando de encontrar la formula poética de  hacer de las cosas fundamentales, laborales, sociales, mis búsquedas y opiniones.

El camino para luchar por mi clan (y poder armar el mio), tener a los cercanos cerca, cambiar el mundo nuestro.

Que la próxima cita o tarea sea algo que me parta el alma y me conmueva el corazón, es el objetivo.

Que el guión que escriba mañana, la historia que me obsesione hoy, tengan conexiones mías, es el sueño.

Dirigir mi vida como una película que encontró la clave para el amor, sin ser cliché y patético, es la cuestión.

 

Y entre tantas, y tan variadas cosas desde Punto Link, Casa Creativa y de resistencia, relanzamos

TODOLOQUE HAY.COM


una apuesta en tiempo, ganas, plata y energía,  para que al margen las ganancias monetarias, tengamos triunfos y encontremos mientras escarbamos cómo es posible hacer popular la auténtico. Cómo volver historias poderosas los recuerdos. Cómo sacarle las palabras, los gestos y los guiños al amigo o al desconocido.

Una apuesta en contenidos que demuestran sobre todo que ellos y nosotros y ustedes estamos vivos, que sí se puede estar unidos, que sí estamos luchando, que sí nos queremos, que estamos llenos de esperanzas y propuestas para cambiar el rumbo, el mundo, los tumbos.

Por ahí están mis historias, seguro sí esculca ven mis tonos, mis sueños, mis preguntas. No son las más vistas, ni las mejores comentadas y puntuadas, pero son eso: mías, propias, únicas, que me salvan de irme para la olla del diablo (si es que existes cabrón!) estando vivo, que me alumbran el camino en las noches, que me permite cerrar el circulo, apretar, gritar y llorar las 24/7/365 por lo que nací, crecí, y sí el circulo se cierra y las espirales se conectan, me llevaran a un final de vida tal y como debe ser: bonito, alegre, continuo, y que se eternice en los recuerdos y presentes de los míos.

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