¿Cómo te imaginabas la ciudad antes de venir por primera vez?
Eliza Builes me escribe (me reta) hace unos meses, para un proyecto de migrantes que está haciendo:
“que me contes como te imaginabas la ciudad antes de venir por primera vez a ella
ese imaginario infantil que tenias por lo que te contaban…fotos…tv
como era esa imagen que se armaba de medellin antes de conocerla”
Y bueno, esto le mandé, y ahora lo comparto, porque salió bonito.
Medellín era para mi, a eso de los 5 años, era la capital de la montaña, era eso lejos donde mi apá iba cada semana a comprar mercancía para venderla en luego en el pueblo.
No tuve tiempo de imaginarme una ciudad, porque hice una pataleta una noche para me metieran en el camión que traía el trasteo de mi abuela, que necesitaba vivir en la ciudad grande porque allí sí habían buenos médicos para cuidar de sus enfermedades, y medio dormido por las hendijas de la carpa del camión conocí un cañón grande grande y gris.Grande como si a mi barrio San Judas, con gente y todo, lo repitieran muchísimas veces en el paisaje. Y gris como esos momentos previos a un aguacero donde las nubes se roba el sol.
Eran los Noventas. No tenia edad para memorizar las imágenes de los noticieros, o las descripciones que daba de Medellin en la radio. Cada vacaciones, cada agravamiento de mi abuela, me hacia volver a esa ciudad de gente que va rápido pero que parece tranquila. No tranquila como los cogedores de café después de una jornada en el monte, sino así de tranquila como los arrieros a primeras horas que putean con amor a sus mulas para llegar pronto a no sé qué lado.
En Medellín, medallo, habían carros como bestias (mulas) en mi pueblo.
De esos carros salían voces de locutores alegres que agradecían a un señor llamado dios por esta eterna primavera. Tan distintos a esos melancólicos locutores de mi pueblo que ponían música carrilera y nos entristecían desde el desayuno.
Mis abuelos iban cambiando de casa y de barrio, por la economía, por las amenazas de bomba en cada esquina, y yo en cada vacaciones, conocía un retazo más de este mapa que en mi cabeza estaba incompleto.
Mi papá y mi mamá a las carreras me arrastraron por el centro de la ciudad, donde me daba miedo pararme en las rejas que había en las aceras, y donde cada edificio tenia ascensor, no como en mi pueblo que solo había uno alto y bonito.
Cuando los grandes hacían siesta para poder sobrevivir al sopor y la tranquilidad de la primavera, yo abría con mañita la puerta de afuera, y salia solo a caminar unas horas, de ida y de vuelta, para conocer el estadio, o para montar en escaleras eléctrica, o para quedarme sin pasar, por físico terror, un calle con 8 calles llamada San Juan.
Crecí, y emigre definitivamente a la ciudad hace 11 años ya. Los recuerdos de la Medellín de la infancia, que recorro nuevamente, me hace sonreír, porque es chiquita, fantasiosa y confusa.
Medellín es una ciudad/pueblo, lleno de furia, donde ya la gente no sabe cómo se llama el vecino, que quiere ser como las grandes urbes del mundo, y al mismo tiempo añorando ser ese pueblucho construido alrededor de una iglesia.
En Medellín me han robado, humillado, y echado, y no me he ido. Es una ciudad retadora, que te pone a prueba todos los días, cada vez con más intensidad. Ahora la quiero, ahora es mía, porque soy paisaje, y pago impuestos, y no me ha matado.
En el cajoncito del gtalk puse (hace poco) algo como “he salido hace 12 (debí escribir 13) años de casa y no ha regresado”.
Y no sé si quiero volver.Ya parezco de todas y de ningún lado a la vez. Ya el pasado ha sido hecho trizas por mi memoria. Ya el futuro lo he enredado de tanto lastimarme.
Bonus: Una foto de la época que les cuento:






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